domingo, 8 de enero de 2017

ALMANAQUES Y CALENDARIOS





Uno de los rituales cada primero de enero era cambiar el almanaque, que a diferencia del calendario aportaba mucha más información de interés para las gentes del campo; fases lunares, santoral, refranes, citas célebres... Ocupaba un lugar importante en  una  las paredes de la cocina y solía tener una imagen religiosa.
 Debía tener espacio suficiente para anotar en que menguante se producía la siembra de los ajos, la fecha prevista del parto de alguno de los animales, los dias de mercado, las misas y los aniversarios.
Era junto al viejo reloj despertador rojo al que había que dar cuerda cada noche, la única medida del tiempo.
El almanaque era la brújula que marcaba las historia de la aldea y el instrumento que planificaba las vidas de sus habitantes y que los hacia tener consciencia de que todo tenía un orden establecido en su pequeño universo. Las hojas nunca se arrancaban, se doblaban hacia arriba para no perder detalle de lo que había ocurrido durante el año.
Todos los días de año nuevo,  me  entregaban el viejo, para que en el reverso de cada mes escribiese los recuerdos del mismo. Después se guardaban en el cajón de la cómoda de la sala en riguroso orden cronológico y  yo me imaginaba que aquel cajón era el ataúd donde se enterraban los años viejos.


El mundo de mi   infancia dormía acurrucado  en aquel cajón con tirador de bronce, entre las hojas amarillas de los viejos almanaques cuando la vida se media en lunas, en estrellas, en brotes de semillas; las estaciones olían a tierra húmeda o a hierba recién segada y las marcaba el vuelo sincronizado de los pájaros en una u otra dirección ; el frío dependia del grosor del hielo de los charcos y el calor, del tiempo que tardaba en derretirse un polo de fresa





lunes, 19 de diciembre de 2016

SALI A DESPEDIRME DEL OTOÑO



DESPEDIDA DEL OTOÑO. HOLA INVIERNO.




Salí a despedirme del otoño, de la seronda que quiso ser primavera; azul, templada, florida, trastornada de sol,  incluso confundida con estío. LLovían hojas ocres y anaranjadas y se lamentaban los árboles quejumbrosos del camino, pudorosos ellos; por dejarlos descarnados y tiritando.

Me encontré al viejo soplando suave aún, con la nariz roja,  su saco lleno de copos de nieve su corbata blanca de escarcha, su halo de niebla, su sombrero de nubes negras, sus ojos llenos de lluvias.
Llevaba un traje gris oscuro color panza de burra vieja,... como enero. Amenazaba a los árboles con doblarlos con rayos y tormentas de truenos ruidosos, a las aves con deshacer sus nidos, al sol con adormecerlo casi cien días y al cielo con cubrirlo de colores oscuros que van del gris perla al azul marino y a la noche con taparle todas las estrellas. 
Le pedí que me guardara un poco de luz en una caja de zapatos para abrirla los días aciagos y oscuros,  y le presté mi gorro y mi bufanda de colores para que se abrigase  cuando le diese la tos, y no encontrase leña para encender  la hoguera.
Cuando quise darme cuenta el otoño había emprendido su viaje y me decía adiós dejando  tras de si, un abrumador silencio interrumpido por el crujir  de la última hoja que caía sobre el eterno Camino de Santiago, bajo la luz tenue, mortecina y escasa de una tarde de mediados de diciembre, mientras la belleza desnuda del bosque, espera la joven y bulliciosa primavera. Y dije ¡hola invierno! con las manos en los bolsillos.

sábado, 19 de noviembre de 2016

RECUERDOS QUE ROBA LA LUNA



Cada vez que la abuela  Concha venia a cuidarla mientras su madre hacía el turno de noche en el hospital, le contaba una historia, que no era más que una vivencia suya, a la que añadía personajes o situaciones  para que resultase más fantástica, mágica o heroica, según la ocasión y las peticiones de la niña.
Julia le preguntó un día que porque nunca le leía los cuentos y siempre eran inventados; la abuela respondió que porque se  le habían olvidado las gafas. 
No era cierto. Nunca había aprendido a leer. A los ocho años ya había empezado a coser dobladillos de pantalones  en el taller de su pueblo, para poder sobrevivir a la pobreza de los años cincuenta. 
Su padre había desaparecido en la guerra y su madre no quería que la niña sufriese la dureza  del campo como ella y sus hermanos, así que decidió que en el taller al menos trabajaría  a la sombra y aprendería un buen oficio. Por la noche, Concha inventaba historias de doncellas y galanes, de cuélebres y xanas, de amores y venganzas; y como no sabía escribir se las contaba a sus compañeras del taller que incluso apagaban la radionovela para escucharla. Hubiera sido una gran escritora.
Así que cuando nació su nieta, comenzó de nuevo a inventar aventuras de osos que lloraban, de manzanos que hablaban, de brujas buenas y de piratas solidarios. 
Un día Julia se percató de que las historias cada vez eran más extrañas y tristes; como si no tuviesen un hilo conductor, como si no tuviesen fin y se mezclasen los protagonistas de unas y otras.
-¡Abuela, no te entiendo! -le decía Julia
- Creo que alguien me roba mis recuerdos por las noches.
-Julia preocupada le dijo: ¿pero quien? 
-No sé, tiene un nombre raro.
La niña preocupada le contó a su madre que a la abuela alguien le quitaba recuerdos y que debía llamar a la policía porque en algún sitio tenían que estar.
-No es un ladrón Julia. Es una enfermedad. Yo misma, le conté lo del robo. Lo hice como a  ella le gusta, inventandome una historia para no preocuparla. Tiene recuerdos, pero su memoria no le permite acceder a ellos ya que tiene un candado y hemos perdido la llave.
El cielo en noviembre, mostró la luna más grande desde hacía muchos años. Era redonda, luminosa y cercana. Esa noche Julia le propuso a Concha ser ella quien le contase la historia.
-Abuela, mira al cielo. Ves que grande es la luna?
-Si, parece más grande Maria.
-Abuela yo no soy Maria, soy Julia.
-Eres Maria, eres mi hermana pequeña y no llores que está vez no te voy a quitar tu muñeca, -Julia lloraba sin consuelo-.

-Vale abuela, mira al cielo y escucha:
- ¿Sabes porque está enorme esta luna de noviembre? Porque está ocultando  los recuerdos que te faltan. Todos están en la cara oscura. Ella es quien te los quita por las noches. Los está guardando porque tiene miedo que tu no puedas conservarlos.Son demasiados... Detrás de la luna están las historias de todos los abuelos del mundo. Esta tu boda, tu primer beso, mi nombre, el tuyo, tu playa, la cara del abuelo y el día que nací yo. Nunca se perderán. Son tantos que la luna tuvo que hacerse tan grande para esconderlos.

Su madre la reprendió:
-¿Que le dirás cuando sea cuarto menguante o cuando se cubra de nubes?
-Nada, no le diré nada, porque ya no se acordará ni  quien es la luna.

Hoy Julia es médica especialista en neurociencia y no tiene otro deseo más que entrar en la cara oculta de la luna y recuperar los recuerdos de todos los abuelos que como Concha murieron sin recordar los nombre de sus nietos ni la fecha de sus cumpleaños. 



domingo, 6 de noviembre de 2016

CURANDO FRACASOS



CURANDO FRACASOS














Pensabas que era suficiente con dejarte engañar en pequeñas dosis, para mantener una vida tan artificial como falsa. 
Que aferrandote el ayer y  a  los buenos recuerdos, podías obviar el presente lleno de borrascas y marejadas. 
Negabas el otoño para que los vientos del sur no te arrancaran las hojas de la memoria de los tiempos felices; sin darte cuenta que para renacer hay que desnudarse primero y morir un poco después.
 Preferías la jaula cómoda y caliente antes que la libertad fría  e incierta, porque tus alas se habían quedado inertes del miedo a volar por otros cielos y de aterrizar en otros tejados.
Creías que nunca madurarías a fuerza de experiencias y te lamiste las heridas por no cerrar puertas y acabar capítulos.
 Fuiste cobarde y no pudiste regresar por el mismo camino, como otras veces, porque se había derrumbado a tu paso; incapaz de desprenderte, de oxigenar, de sacudirte, de soltar tantos nudos...

Te negabas a aceptar que el mundo no se para por una vida rota, ni por mil  corazones frágiles y vulnerables, como el tuyo, al que se le ha caído el caparazón y  le golpean fuerte  los mínimos soplos de aire, y hasta le quema el tímido sol de enero.

El alma herida deberías saber que hay que curarla, reconstruirla y coserla mientras que el mundo sigue girando. 
No te queda más que escribir cada día, en la hoja en blanco de tu vida, el siguiente capítulo en el que tu serás la heroína de tu historia, porque habrás aprendido a enfrentar tus errores y a empezar de nuevo mirando a ese futuro al que temes.
Da unas puntadas al corazón, maquillate los sentimientos, ponte los tacones; que nadie sepa que hoy estuviste en la casa inacabada del río Andayon, buscando consuelo y te cruzaste con él en la puerta y no te importó que te viera.



viernes, 14 de octubre de 2016

Día de la mujer rural


  • Aún es difícil ser mujer y rural. Queda mucho por hacer para conseguir mitigar esa doble brecha de género y de territorio. Algunas  marcaron nuestra vida y nos enseñaron que el camino era revelarse contra la sumisión y la incultura.
  • .-Estudia para no ser tan bruta como yo y que nadie te diga lo que tienes que hacer...
  • Porque fueron la base y el pilar de la familia y porque mi infancia son recuerdos de una mujer de negro y mandil de cuadros. ¡Feliz día de la mujer rural!
  • Nadie sobrevive en un mundo sin cultivos, sin tierra y sin bosque. Ningún patrimonio debe ser preservado sin mirar antes a los cimientos del mundo;  la cultura campesina, en gran parte sustentada por mujeres, las vigas invisibles pero maestras.

miércoles, 31 de agosto de 2016

UN VERANO PARA RECORDAR








Quienes me conocen saben lo que quiero a esta franja de tierra entre el Nalón y el Nora y  entre el Bufarán y la Ponte Gallegos; a ésta y a las que la circundan, porque las fronteras sólo están en la mente de los mediocres y  como decía Galeano, el tiempo y el alma  no tienen fronteras; aunque  las leyes se empeñen en marcar líneas en los mapas.
 Hay un  espacio geográfico, que me identifica con un paisaje, con unas costumbres y con mis gentes; las que me enseñaron que lo mejor que puedes llevar en tu equipaje para la  vida, son tus raíces rurales, profundas y fuertes, los conocimientos aprendidos de los paisanos y paisanas que saben cuando se debe podar o cortar una vara de avellano; de quienes aprendí  a mirar en  cielo el tamaño de la luna, la forma o color de las nubes y la dirección de los vientos. En realidad supe como orientarme en los momentos difíciles y  en las encrucijadas  de mi vida gracias a la experiencia adquirida de quien todo lo sabe; mis gentes del campo. Por eso me duele que no se valore su patrimonio, que las piedras que un día fueron casas terminen cubiertas de musgo y derruidas, que sus elementos etnográficos se mueran, que las tradiciones se releguen al olvido o que la lengua de mis antepasados sea motivo de vergüenza o burla.
Hasta aquí la queja, el lamento y el pesimismo... hasta que una tarde bochornosa de agosto avisté una luz que me  me condujo al optimismo.



Esta luz  llegó  de lejos,  llegó de quien decide un verano, volver a reencontrarse con una tierra que recordaba con más árboles, con más tierras labradas, y con más campesinos de boina y abuelas  de negro. Nunca el regreso es fácil; su tierra estaba esperándoles, para envolverles en este paisaje lleno de verdes, de amarillos tostados de los últimos rayos de sol, de azules al amanecer, de neblina densa que se acomoda sobre el Nalón,  de cristalinas aguas  donde mirarse y sentirse protagonistas del cuadro pintado en ellas; en  los meandros  del rio Nora cerca de San Pedro , en el molino de Quilo en el Picarín,  en el puente de Miobra o en el de Andayon;  en cada remanso y en cada arrullo de agua se buscan para integrarse  junto al reflejo de las nubes amarillas y rosadas de ese atardecer de finales de verano. Y se dejaron abrazar por esta tierra  que es generosa, es madre, es continente, es pequeño planeta y siempre recibe emocionada con un abrazo de roble y una caricia de orbayu a quien vuelve a encontrarse con ella o a buscarse  en ella y encuentra los silencios reverentes de hace tantos años y los sonidos del agua, siempre presente;  cascada, río , remanso, meandro, fuente, arroyo. Parafraseando a Llamazares; "distintas formas de oir el agua". Y me enseñaron que no queda más remedio que alejarse de lo que quieres para aprender a añorarlo, a quererlo y a valorarlo. Volverán a sus casas lejanas, a sus trabajos estresantes, a su vida de ciudad oscura y contaminada, pero llevaran en su retina todos los verdes de la senda a Covascura y todos los recuerdos de un verano de abrazos, reencuentros, y música de verbena.


AL LUGAR DONDE HAS SIDO FELIZ SI DEBIERAS TRATAR DE VOLVER ( Lo siento querido Joaquin)