domingo, 30 de julio de 2017

SAN ROMAN DE CANDAMO. DE HUMO Y PIEDRAS









Pasear sin prisa y  pensar al ritmo pausado de una mañana de verano gris y nublada, en un silencio interrumpido sólo por las campanas de la iglesia y algún gallo perezoso al que se le hizo tarde el amanecer;  un silencio que evoca despedidas y Penélopes tejiendo hasta la extenuación esperando regresos imposibles.

Hay piedras que hablan, de humo y de fortuna, de despedidas, de abandono, de identidades perdidas; de antepasados que subieron al pico Nolín a La Mafalla o al Bufarán a ver en el horizonte la mar que les llevaría lejos;  aquel puerto donde el dulce Nalón se fundía con la sal de San Esteban y donde la maleta pesaba tan poco que hasta la   brisa del amanecer la balanceaba al embarcar y al llegar a la otra orilla el aire  húmedo del malecón la recibía  con un cálido abrazo.
Atrás quedaban amores, padres y hermanos a los que quizá nunca volverían a ver y las piedras del santuario de arte de la Cueva de la Peña; paredes que fueron lienzos y humo de las hogueras que calentaban la vida hace millones de años... antes de la historia.


Casas de paredes fuertes,   hogares que quizá nunca se habitaron,  donde  el olvido y el desarraigo se apoderaron  de aquellos nobles muros  que se levantaron de piedras que hablan de humo de nuevo; que evocan las volutas de humo de aquellos puros tampeños que las manos de tantos candaminos modelaban con la ilusión y la esperanza de la vuelta a casa mientras el lector de la fábrica les contaba aventuras que les mitigaran el tedio y la nostalgia.




Porque algunos no volvieron y sus descendientes buscaron sus orígenes aferrándose a viejas fotos y buceando en archivos de papeles mustios y amarillentos,  para encajar la última pieza de una historia que a veces como en "Un legado de humo" tiene final feliz.




Porque aún, 100 años después  seguimos tejiendo redes que nos lleven "Al otru llau de la mar", para completar  albúmes aunque sean en blanco y negro. 





Con frecuencia las piedras cuentan historias y no te puedes resistir a escribirlas. San Román de Candamo susurra una historia en cada pisada.





"A todos mis antepasados que cantaban habaneras que olían a fresa"
( Esther Martínez)













sábado, 13 de mayo de 2017

Euro-Risión.Güayomini

La televisión emitía en blanco, negro y gris y en muchas casas se colocaba encima la foto de boda, comunión, o una muñeca vestida con el traje típico, normalmente de faralaes. Tenía la TV un aparato debajo llamado transformador, porque la corriente era de 125 W y no se muy bien en que la transformaba. Tardaba en calentar  porque por dentro había una especie de lámparas que iban alumbrando progresivamente. 

Había un solo  canal que se llamaba UHF. En mayo era un rito primaveral reunirse en torno a aquel aparato para ver EUROVISION y sentirnos europeos. Aún no habían llegado el euro ni el brexit, pero participaba Israel, nunca supimos por qué; igual era porque en Europa había muy pocos países.

Claro que entonces no existía el pop moldavo, el rock montenegrino ni las baladas letonas o el  indie eslovaco.

 Hoy sí, hoy además de Europa e Israel participa Australia. Como eramos pocos... Dice una amiga mía que es por algo de la Commonwealth  o como se diga.

El caso es que según la tele iba  teniendo  más colores y Europa más países y menos habitantes,el bigote de Iñigo más canas, los representantes españoles, la mayoría de las veces, eran artistas cada vez más raros, desconocidos, o frikis.

Rodofo Chikilicuatre y su guitarra de plástico fue el mayor éxito de los últimos diez años. 
En mi casa solo acabábamos de ver el programa, mi abuelo que murió en 1992 y yo. El hombre, por un motivo muy distinto al mio; yo por hablar en el recreo el lunes siguiente; no eras nadie sino habías tragado hasta la última puntuación del último país. La razón de mi abuelo era más poderosa, porque decía que lo único que importaba eran las votaciones; que le gustaba escuchar otras lenguas al menos una vez al año, ya que con un sólo canal y una televisión tan triste no tenía ocasión de oír hablar en otro idioma. Razón de peso...Ahora pienso que mi abuelo era bastante culto.

También decía que debería llamarse Euro-Risión. Os hablo de 1992 y años anteriores.

Nuestra infancia en esa época tenía pocos grandes eventos, así que el festival pertenece a nuestro imaginario colectivo  de recuerdos infantiles.
Si mi abuelo viviera estaría encantado de tantas lenguas como se escuchan aunque lo de menos sea la música.
Dicen que ganará Portugal; pues me gusta. Antes siempre nos daba doce puntos.

Y Güayomini, ¿cuantos nos dará?



domingo, 9 de abril de 2017

Día de Ramos y dolor de barriga.



Solíamos ir a buscarlos el día anterior; tenía que ser el laurel más florido de la contorna.
 Era casi siempre la abuela la que esa noche, se encargaba de coser las  rosquillas y  caramelos a las ramas. Clavaba una naranja en el pequeño tronco y el zumo iba poniéndonos la mano pringosa camino  de la misa de Ramos, con la piel de gallina en las rodillas, porque había que estrenar ropa de primavera aunque nevase.
 Batiéndolos tanto para que nos llegara el agua bendita, alguien terminaba metiendo siempre una caña por el ojo del que tenía al lado.
Siguiendo  la tradición después de bendecirlo lo llevábamos a casa del padrino o la madrina, en una especie de economía de trueque, ya que al domingo siguiente él o ella o en el mejor de los casos, ambos nos regalaban un bollo lleno de plumas de colores.
Recuerdo que en el camino a casa de la madrina, a  escasos 300 metros de la mía, me sentaba a comer las rosquillas y caramelos con la ayuda de alguna amiga.
 No se porqué siempre recuerdo el olor a laurel ligado al dolor de barriga.
¡Que tiempos!

lunes, 3 de abril de 2017

LO NORMAL ES EXTRAORDINARIO


Alguien comentaba estos días que las redes sociales, los diarios y todos los informativos están plagados de fotos de árboles en flor como si fuese un milagro cuando es lo normal y para eso están programados para que cada año por esta época ocurra lo mismo. Entonces ¿porqué tanto revuelo ?

Será que afortunadamente aún somos capaces de   sorprendernos en esta locura diaria que nos toca vivir de desastres naturales; violencia, guerras, contaminación, codazos, empujones, hipocresía, ambiciones, falsedades, telediarios manchados de corrupción, tertulias plagadas de agresividad, traficantes de vidas, maldades y amenazas ... aún así nos queda la capacidad de admirar un cerezo en flor, un huerto de camelias y la llegada ruidosa de las golondrinas en marzo. 
Que  el sol se ponga por el oeste cada tarde, que nos paremos a contemplar como cambia la luz y los  cielos rojizos pasan a ser  anaranjados mezclandose  entre las nubes y  las estelas blancas que dejó el último avión y  mientras sigamos creyendo que cada atardecer es digno de contemplar porque igual el cielo o nuestra vida al día siguiente se cubre de nubarrones; mientras eso ocurra, es que no se nos ha olvidado el punto de inocencia y seguimos creyendo  que las cosas pequeñas no tienen precio.

Nos encontramos a veces compartiendo simplemente la vida, lo cotidiano; nuestro pequeño o gran universo. Pero para sobrevivir es necesario  seguir cultivando la capacidad de asombrarse, de admirar, de emocionarse por un arco iris, que es lo que debe ocurrir tras la tormenta o por el canto del cuco o por el cielo estrellado o por la abeja que sobrevuela la flor recién nacida. 
El tiempo pasa tan deprisa que vale la pena detenerse como lo haría un niño pequeño, abriendo mucho los ojos para no perderse nada por diminuto  que sea. Dicen que solo abriendo los ojos en la oscuridad podrás contar las estrellas fugaces y encontrar por arte de  magia las palabras que  definan los  sentimientos. Dicen los expertos que una de las cosas que más felices hacen a las personas son los cantos de los pájaros o el murmullo del mar. 
Ambas cosas suceden a diario, lo bueno es sorprenderse de  que lo normal es extraordinario.

"El secreto, Alicia, es rodearse de personas que te hagan sonreir el corazón. Es entonces cuando encontrarás el Pais de las Maravillas".

miércoles, 22 de marzo de 2017

DÍES DE MUNCHU. VÍSPERES DE NADA



Llevo una temporada sobresaltada al despertarme, pero esta semana está siendo especial. Enciendo la tele y leo los diarios digitales, o al revés y  desde el domingo, vengo notando que no hay días normales. Los titulares de todos los medios son : "Hoy se celebra el Día de...". 
El domingo nos despertamos con el Día del Padre, y lo mismo que antes eran la corbata o la colonia los protagonistas, ahora lo que prima es subir una foto de tu progenitor a las redes sociales. Yo también lo hice porque a mi muro de Facebook subo lo que quiero, ¡faltaría más!
Al día siguiente, lunes 20, entre que entraba la primavera y era el día de la felicidad, no sabía bien que hacer si subir un cerezo en flor o mi sonrisa de anuncio de dentífrico después de utilizar todos los filtros del Instagram. 
Decidí no hacer nada de eso; lo primero porque la rebelde estación se nos disfrazó de invierno y en lugar de las margaritas blancas que poblaban las redes sociales, le dio por cubrir de blanco la montaña cercana. Me gusta a mi esta rebeldía estacional. Ellas eligen cuándo mostrarse y así,  un día de enero puede ser verano a las 3 de la tarde y otoño al atardecer. Igual que quererse no tiene horario ni fecha en el calendario, la meteorología ya no es lo que era y se rebela contra el orden establecido. Seguro que se  indigna de tanto espacio como le dedican los informativos.
Y; ¿lo de coincidir con el día de la felicidad?.Pues al igual que las estaciones y la climatología , la felicidad llega cuando menos la esperas y  normalmente dura lo que tarda en llegar el cabreo. Por cierto ese mismo día se presentó un libro de Jaime Izquierdo, que enseña a gestionarlo creativamente. Otra feliz coincidencia. 
Gestioné ese cabreo que da no tener primavera ni ser un lunes realmente feliz, y logré sobrevivir hasta el día siguiente, martes 21 de marzo,  que nos llevó  al Día de la Poesía. 
Y volví a caer en las redes...sociales para compartir a mi admirado Ángel González; montones de wassapas, y de poemas, muchas veces publicados por personas que toda su relación con  la poesía eres tú y tu pupila azul.

Lo de hoy, ya es de nota. Miro por la ventana antes de abrir las noticias y llueve, que buena falta hace, y pienso que el titular hoy será fácil: "Se esperan precipitaciones en la cornisa cantábrica", lo cual me hace mucha gracia porque normalmente llueve más en el tejado que en la cornisa y siempre me pregunté si el resto de España era la fachada. Pues no, no era eso; era más fácil. Hoy es el Dia del Agua.  Y creo que pasado mañana la Hora del Planeta. 

Yo que siempre fui muy noctámbula  reivindico más noches de algo y me encuentro sólo con la Noche de San Xuan, la de Difuntos, la Noche Blanca o las Nuechis en Danza de Ambás.
Como procedo de una zona muy rural lo que se remarcaba en ella no eran los días, eran las "horas de" o el "tiempo de". Era otra forma de celebrar  más auténtica.

A saber: eran importantes como tiempos, "el de la hierba", "el de les patates", "el de la seronda" , "el de les castañes" y como días "el de la fiesta", "el de la robla" y "el del mercau". Luego se miraba al cielo y en función de la luna se obraba de una forma o de otra. Importaba mucho "el menguante".

Igual lo más acertado era  aquello de "Dies de munchu, vísperes de nada".

FELIZ DÍA 


viernes, 24 de febrero de 2017

Escribir no es tarea fácil. Amor en las palabras


Escribir no es tarea fácil. Alguno de mis amigos y compañeros controlan el tiempo que llevo sin entrar en el blog, lo cual significa que mis escasos lectores son fieles. Cierto es, que  solo hay que darle a la tecla y juntar letras, luego sílabas, componer palabras y frases y así hasta que logras crear algo parecido a una historia.

No hay otro fin que hacer que quien te lee se sienta conmovido, que le llegue al lugar donde le pueda provocar  alguna reación, sentimiento o emoción.
Siempre hay un sentimiento que se transforma en palabra, una emoción que incluso  ocupa tres líneas, un anochecer que te explota en la cabeza sino lo cuentas, y te sale un párrafo completo cuando miras tu propia sombra alargada al atardecer, o describes sin rubor lo que encontraste en una mirada o en un gesto.
Tengo amigos que pintan y cada pincelada de cada color dicen que significa un estado de ánimo; otros que ven en un segundo, lo que nadie sería capaz de captar en una vida y hacen de ello una creación única.
Hay sentimientos perturbadores, avasalladores, bruscos y repentinos que te incapacitan, que te paralizan; porque cuando  expones tanto,  el  pudor y miedo  pueden  dejar tiritando el alma. 

 Cuando  te depojas de todas las capas que deben abrigarla,  siempre hay alguien esperando a que te muestres vulnerable para provocar vientos que te hagan tambalear  o encienden  hogueras a tu alrededor  que te reducen  a cenizas, incluso paladeas ese sabor a humo en la boca.
Es importante protegerse o incluso disfrazarse para evitar que descubran que en fondo, sólo eres humano  frágil y equilibrado. 
En ocasiones  se alejan las nostalgias o se acercan demasiado los rencores o sencillamente no quieres  que la palabra meláncolica  te delate, o la alegre pueda dar  lugar a pensar que vives una existencia plena; porque hay quien no soporta la felicidad ajena cuando  no alcanza a encontrar la propia.
Por eso no escribo a veces, porque las comas se convierten en lamentos y los puntos y seguidos en cansancio.
Me quedan los paréntesis para reflexionar  y los puntos suspensivos para aferrarme al futuro y reconciliarme con el presente.

Seguiré buscando las sinfonías de las nubes y la mirada clara y transparente de tanta gente  que me demuestra día a día que merece la pena poner amor en las palabras y valor en cada uno de mis actos.



domingo, 8 de enero de 2017

ALMANAQUES Y CALENDARIOS





Uno de los rituales cada primero de enero era cambiar el almanaque, que a diferencia del calendario aportaba mucha más información de interés para las gentes del campo; fases lunares, santoral, refranes, citas célebres... Ocupaba un lugar importante en  una  las paredes de la cocina y solía tener una imagen religiosa.
 Debía tener espacio suficiente para anotar en que menguante se producía la siembra de los ajos, la fecha prevista del parto de alguno de los animales, los dias de mercado, las misas y los aniversarios.
Era junto al viejo reloj despertador rojo al que había que dar cuerda cada noche, la única medida del tiempo.
El almanaque era la brújula que marcaba las historia de la aldea y el instrumento que planificaba las vidas de sus habitantes y que los hacia tener consciencia de que todo tenía un orden establecido en su pequeño universo. Las hojas nunca se arrancaban, se doblaban hacia arriba para no perder detalle de lo que había ocurrido durante el año.
Todos los días de año nuevo,  me  entregaban el viejo, para que en el reverso de cada mes escribiese los recuerdos del mismo. Después se guardaban en el cajón de la cómoda de la sala en riguroso orden cronológico y  yo me imaginaba que aquel cajón era el ataúd donde se enterraban los años viejos.


El mundo de mi   infancia dormía acurrucado  en aquel cajón con tirador de bronce, entre las hojas amarillas de los viejos almanaques cuando la vida se media en lunas, en estrellas, en brotes de semillas; las estaciones olían a tierra húmeda o a hierba recién segada y las marcaba el vuelo sincronizado de los pájaros en una u otra dirección ; el frío dependia del grosor del hielo de los charcos y el calor, del tiempo que tardaba en derretirse un polo de fresa