lunes, 3 de abril de 2017

LO NORMAL ES EXTRAORDINARIO


Alguien comentaba estos días que las redes sociales, los diarios y todos los informativos están plagados de fotos de árboles en flor como si fuese un milagro cuando es lo normal y para eso están programados para que cada año por esta época ocurra lo mismo. Entonces ¿porqué tanto revuelo ?

Será que afortunadamente aún somos capaces de   sorprendernos en esta locura diaria que nos toca vivir de desastres naturales; violencia, guerras, contaminación, codazos, empujones, hipocresía, ambiciones, falsedades, telediarios manchados de corrupción, tertulias plagadas de agresividad, traficantes de vidas, maldades y amenazas ... aún así nos queda la capacidad de admirar un cerezo en flor, un huerto de camelias y la llegada ruidosa de las golondrinas en marzo. 
Que  el sol se ponga por el oeste cada tarde, que nos paremos a contemplar como cambia la luz y los  cielos rojizos pasan a ser  anaranjados mezclandose  entre las nubes y  las estelas blancas que dejó el último avión y  mientras sigamos creyendo que cada atardecer es digno de contemplar porque igual el cielo o nuestra vida al día siguiente se cubre de nubarrones; mientras eso ocurra, es que no se nos ha olvidado el punto de inocencia y seguimos creyendo  que las cosas pequeñas no tienen precio.

Nos encontramos a veces compartiendo simplemente la vida, lo cotidiano; nuestro pequeño o gran universo. Pero para sobrevivir es necesario  seguir cultivando la capacidad de asombrarse, de admirar, de emocionarse por un arco iris, que es lo que debe ocurrir tras la tormenta o por el canto del cuco o por el cielo estrellado o por la abeja que sobrevuela la flor recién nacida. 
El tiempo pasa tan deprisa que vale la pena detenerse como lo haría un niño pequeño, abriendo mucho los ojos para no perderse nada por diminuto  que sea. Dicen que solo abriendo los ojos en la oscuridad podrás contar las estrellas fugaces y encontrar por arte de  magia las palabras que  definan los  sentimientos. Dicen los expertos que una de las cosas que más felices hacen a las personas son los cantos de los pájaros o el murmullo del mar. 
Ambas cosas suceden a diario, lo bueno es sorprenderse de  que lo normal es extraordinario.

"El secreto, Alicia, es rodearse de personas que te hagan sonreir el corazón. Es entonces cuando encontrarás el Pais de las Maravillas".

miércoles, 22 de marzo de 2017

DÍES DE MUNCHU. VÍSPERES DE NADA



Llevo una temporada sobresaltada al despertarme, pero esta semana está siendo especial. Enciendo la tele y leo los diarios digitales, o al revés y  desde el domingo, vengo notando que no hay días normales. Los titulares de todos los medios son : "Hoy se celebra el Día de...". 
El domingo nos despertamos con el Día del Padre, y lo mismo que antes eran la corbata o la colonia los protagonistas, ahora lo que prima es subir una foto de tu progenitor a las redes sociales. Yo también lo hice porque a mi muro de Facebook subo lo que quiero, ¡faltaría más!
Al día siguiente, lunes 20, entre que entraba la primavera y era el día de la felicidad, no sabía bien que hacer si subir un cerezo en flor o mi sonrisa de anuncio de dentífrico después de utilizar todos los filtros del Instagram. 
Decidí no hacer nada de eso; lo primero porque la rebelde estación se nos disfrazó de invierno y en lugar de las margaritas blancas que poblaban las redes sociales, le dio por cubrir de blanco la montaña cercana. Me gusta a mi esta rebeldía estacional. Ellas eligen cuándo mostrarse y así,  un día de enero puede ser verano a las 3 de la tarde y otoño al atardecer. Igual que quererse no tiene horario ni fecha en el calendario, la meteorología ya no es lo que era y se rebela contra el orden establecido. Seguro que se  indigna de tanto espacio como le dedican los informativos.
Y; ¿lo de coincidir con el día de la felicidad?.Pues al igual que las estaciones y la climatología , la felicidad llega cuando menos la esperas y  normalmente dura lo que tarda en llegar el cabreo. Por cierto ese mismo día se presentó un libro de Jaime Izquierdo, que enseña a gestionarlo creativamente. Otra feliz coincidencia. 
Gestioné ese cabreo que da no tener primavera ni ser un lunes realmente feliz, y logré sobrevivir hasta el día siguiente, martes 21 de marzo,  que nos llevó  al Día de la Poesía. 
Y volví a caer en las redes...sociales para compartir a mi admirado Ángel González; montones de wassapas, y de poemas, muchas veces publicados por personas que toda su relación con  la poesía eres tú y tu pupila azul.

Lo de hoy, ya es de nota. Miro por la ventana antes de abrir las noticias y llueve, que buena falta hace, y pienso que el titular hoy será fácil: "Se esperan precipitaciones en la cornisa cantábrica", lo cual me hace mucha gracia porque normalmente llueve más en el tejado que en la cornisa y siempre me pregunté si el resto de España era la fachada. Pues no, no era eso; era más fácil. Hoy es el Dia del Agua.  Y creo que pasado mañana la Hora del Planeta. 

Yo que siempre fui muy noctámbula  reivindico más noches de algo y me encuentro sólo con la Noche de San Xuan, la de Difuntos, la Noche Blanca o las Nuechis en Danza de Ambás.
Como procedo de una zona muy rural lo que se remarcaba en ella no eran los días, eran las "horas de" o el "tiempo de". Era otra forma de celebrar  más auténtica.

A saber: eran importantes como tiempos, "el de la hierba", "el de les patates", "el de la seronda" , "el de les castañes" y como días "el de la fiesta", "el de la robla" y "el del mercau". Luego se miraba al cielo y en función de la luna se obraba de una forma o de otra. Importaba mucho "el menguante".

Igual lo más acertado era  aquello de "Dies de munchu, vísperes de nada".

FELIZ DÍA 


viernes, 24 de febrero de 2017

Escribir no es tarea fácil. Amor en las palabras


Escribir no es tarea fácil. Alguno de mis amigos y compañeros controlan el tiempo que llevo sin entrar en el blog, lo cual significa que mis escasos lectores son fieles. Cierto es, que  solo hay que darle a la tecla y juntar letras, luego sílabas, componer palabras y frases y así hasta que logras crear algo parecido a una historia.

No hay otro fin que hacer que quien te lee se sienta conmovido, que le llegue al lugar donde le pueda provocar  alguna reación, sentimiento o emoción.
Siempre hay un sentimiento que se transforma en palabra, una emoción que incluso  ocupa tres líneas, un anochecer que te explota en la cabeza sino lo cuentas, y te sale un párrafo completo cuando miras tu propia sombra alargada al atardecer, o describes sin rubor lo que encontraste en una mirada o en un gesto.
Tengo amigos que pintan y cada pincelada de cada color dicen que significa un estado de ánimo; otros que ven en un segundo, lo que nadie sería capaz de captar en una vida y hacen de ello una creación única.
Hay sentimientos perturbadores, avasalladores, bruscos y repentinos que te incapacitan, que te paralizan; porque cuando  expones tanto,  el  pudor y miedo  pueden  dejar tiritando el alma. 

 Cuando  te depojas de todas las capas que deben abrigarla,  siempre hay alguien esperando a que te muestres vulnerable para provocar vientos que te hagan tambalear  o encienden  hogueras a tu alrededor  que te reducen  a cenizas, incluso paladeas ese sabor a humo en la boca.
Es importante protegerse o incluso disfrazarse para evitar que descubran que en fondo, sólo eres humano  frágil y equilibrado. 
En ocasiones  se alejan las nostalgias o se acercan demasiado los rencores o sencillamente no quieres  que la palabra meláncolica  te delate, o la alegre pueda dar  lugar a pensar que vives una existencia plena; porque hay quien no soporta la felicidad ajena cuando  no alcanza a encontrar la propia.
Por eso no escribo a veces, porque las comas se convierten en lamentos y los puntos y seguidos en cansancio.
Me quedan los paréntesis para reflexionar  y los puntos suspensivos para aferrarme al futuro y reconciliarme con el presente.

Seguiré buscando las sinfonías de las nubes y la mirada clara y transparente de tanta gente  que me demuestra día a día que merece la pena poner amor en las palabras y valor en cada uno de mis actos.



domingo, 8 de enero de 2017

ALMANAQUES Y CALENDARIOS





Uno de los rituales cada primero de enero era cambiar el almanaque, que a diferencia del calendario aportaba mucha más información de interés para las gentes del campo; fases lunares, santoral, refranes, citas célebres... Ocupaba un lugar importante en  una  las paredes de la cocina y solía tener una imagen religiosa.
 Debía tener espacio suficiente para anotar en que menguante se producía la siembra de los ajos, la fecha prevista del parto de alguno de los animales, los dias de mercado, las misas y los aniversarios.
Era junto al viejo reloj despertador rojo al que había que dar cuerda cada noche, la única medida del tiempo.
El almanaque era la brújula que marcaba las historia de la aldea y el instrumento que planificaba las vidas de sus habitantes y que los hacia tener consciencia de que todo tenía un orden establecido en su pequeño universo. Las hojas nunca se arrancaban, se doblaban hacia arriba para no perder detalle de lo que había ocurrido durante el año.
Todos los días de año nuevo,  me  entregaban el viejo, para que en el reverso de cada mes escribiese los recuerdos del mismo. Después se guardaban en el cajón de la cómoda de la sala en riguroso orden cronológico y  yo me imaginaba que aquel cajón era el ataúd donde se enterraban los años viejos.


El mundo de mi   infancia dormía acurrucado  en aquel cajón con tirador de bronce, entre las hojas amarillas de los viejos almanaques cuando la vida se media en lunas, en estrellas, en brotes de semillas; las estaciones olían a tierra húmeda o a hierba recién segada y las marcaba el vuelo sincronizado de los pájaros en una u otra dirección ; el frío dependia del grosor del hielo de los charcos y el calor, del tiempo que tardaba en derretirse un polo de fresa





lunes, 19 de diciembre de 2016

SALI A DESPEDIRME DEL OTOÑO



DESPEDIDA DEL OTOÑO. HOLA INVIERNO.




Salí a despedirme del otoño, de la seronda que quiso ser primavera; azul, templada, florida, trastornada de sol,  incluso confundida con estío. LLovían hojas ocres y anaranjadas y se lamentaban los árboles quejumbrosos del camino, pudorosos ellos; por dejarlos descarnados y tiritando.

Me encontré al viejo soplando suave aún, con la nariz roja,  su saco lleno de copos de nieve su corbata blanca de escarcha, su halo de niebla, su sombrero de nubes negras, sus ojos llenos de lluvias.
Llevaba un traje gris oscuro color panza de burra vieja,... como enero. Amenazaba a los árboles con doblarlos con rayos y tormentas de truenos ruidosos, a las aves con deshacer sus nidos, al sol con adormecerlo casi cien días y al cielo con cubrirlo de colores oscuros que van del gris perla al azul marino y a la noche con taparle todas las estrellas. 
Le pedí que me guardara un poco de luz en una caja de zapatos para abrirla los días aciagos y oscuros,  y le presté mi gorro y mi bufanda de colores para que se abrigase  cuando le diese la tos, y no encontrase leña para encender  la hoguera.
Cuando quise darme cuenta el otoño había emprendido su viaje y me decía adiós dejando  tras de si, un abrumador silencio interrumpido por el crujir  de la última hoja que caía sobre el eterno Camino de Santiago, bajo la luz tenue, mortecina y escasa de una tarde de mediados de diciembre, mientras la belleza desnuda del bosque, espera la joven y bulliciosa primavera. Y dije ¡hola invierno! con las manos en los bolsillos.

sábado, 19 de noviembre de 2016

RECUERDOS QUE ROBA LA LUNA



Cada vez que la abuela  Concha venia a cuidarla mientras su madre hacía el turno de noche en el hospital, le contaba una historia, que no era más que una vivencia suya, a la que añadía personajes o situaciones  para que resultase más fantástica, mágica o heroica, según la ocasión y las peticiones de la niña.
Julia le preguntó un día que porque nunca le leía los cuentos y siempre eran inventados; la abuela respondió que porque se  le habían olvidado las gafas. 
No era cierto. Nunca había aprendido a leer. A los ocho años ya había empezado a coser dobladillos de pantalones  en el taller de su pueblo, para poder sobrevivir a la pobreza de los años cincuenta. 
Su padre había desaparecido en la guerra y su madre no quería que la niña sufriese la dureza  del campo como ella y sus hermanos, así que decidió que en el taller al menos trabajaría  a la sombra y aprendería un buen oficio. Por la noche, Concha inventaba historias de doncellas y galanes, de cuélebres y xanas, de amores y venganzas; y como no sabía escribir se las contaba a sus compañeras del taller que incluso apagaban la radionovela para escucharla. Hubiera sido una gran escritora.
Así que cuando nació su nieta, comenzó de nuevo a inventar aventuras de osos que lloraban, de manzanos que hablaban, de brujas buenas y de piratas solidarios. 
Un día Julia se percató de que las historias cada vez eran más extrañas y tristes; como si no tuviesen un hilo conductor, como si no tuviesen fin y se mezclasen los protagonistas de unas y otras.
-¡Abuela, no te entiendo! -le decía Julia
- Creo que alguien me roba mis recuerdos por las noches.
-Julia preocupada le dijo: ¿pero quien? 
-No sé, tiene un nombre raro.
La niña preocupada le contó a su madre que a la abuela alguien le quitaba recuerdos y que debía llamar a la policía porque en algún sitio tenían que estar.
-No es un ladrón Julia. Es una enfermedad. Yo misma, le conté lo del robo. Lo hice como a  ella le gusta, inventandome una historia para no preocuparla. Tiene recuerdos, pero su memoria no le permite acceder a ellos ya que tiene un candado y hemos perdido la llave.
El cielo en noviembre, mostró la luna más grande desde hacía muchos años. Era redonda, luminosa y cercana. Esa noche Julia le propuso a Concha ser ella quien le contase la historia.
-Abuela, mira al cielo. Ves que grande es la luna?
-Si, parece más grande Maria.
-Abuela yo no soy Maria, soy Julia.
-Eres Maria, eres mi hermana pequeña y no llores que está vez no te voy a quitar tu muñeca, -Julia lloraba sin consuelo-.

-Vale abuela, mira al cielo y escucha:
- ¿Sabes porque está enorme esta luna de noviembre? Porque está ocultando  los recuerdos que te faltan. Todos están en la cara oscura. Ella es quien te los quita por las noches. Los está guardando porque tiene miedo que tu no puedas conservarlos.Son demasiados... Detrás de la luna están las historias de todos los abuelos del mundo. Esta tu boda, tu primer beso, mi nombre, el tuyo, tu playa, la cara del abuelo y el día que nací yo. Nunca se perderán. Son tantos que la luna tuvo que hacerse tan grande para esconderlos.

Su madre la reprendió:
-¿Que le dirás cuando sea cuarto menguante o cuando se cubra de nubes?
-Nada, no le diré nada, porque ya no se acordará ni  quien es la luna.

Hoy Julia es médica especialista en neurociencia y no tiene otro deseo más que entrar en la cara oculta de la luna y recuperar los recuerdos de todos los abuelos que como Concha murieron sin recordar los nombre de sus nietos ni la fecha de sus cumpleaños. 



domingo, 6 de noviembre de 2016

CURANDO FRACASOS



CURANDO FRACASOS














Pensabas que era suficiente con dejarte engañar en pequeñas dosis, para mantener una vida tan artificial como falsa. 
Que aferrandote el ayer y  a  los buenos recuerdos, podías obviar el presente lleno de borrascas y marejadas. 
Negabas el otoño para que los vientos del sur no te arrancaran las hojas de la memoria de los tiempos felices; sin darte cuenta que para renacer hay que desnudarse primero y morir un poco después.
 Preferías la jaula cómoda y caliente antes que la libertad fría  e incierta, porque tus alas se habían quedado inertes del miedo a volar por otros cielos y de aterrizar en otros tejados.
Creías que nunca madurarías a fuerza de experiencias y te lamiste las heridas por no cerrar puertas y acabar capítulos.
 Fuiste cobarde y no pudiste regresar por el mismo camino, como otras veces, porque se había derrumbado a tu paso; incapaz de desprenderte, de oxigenar, de sacudirte, de soltar tantos nudos...

Te negabas a aceptar que el mundo no se para por una vida rota, ni por mil  corazones frágiles y vulnerables, como el tuyo, al que se le ha caído el caparazón y  le golpean fuerte  los mínimos soplos de aire, y hasta le quema el tímido sol de enero.

El alma herida deberías saber que hay que curarla, reconstruirla y coserla mientras que el mundo sigue girando. 
No te queda más que escribir cada día, en la hoja en blanco de tu vida, el siguiente capítulo en el que tu serás la heroína de tu historia, porque habrás aprendido a enfrentar tus errores y a empezar de nuevo mirando a ese futuro al que temes.
Da unas puntadas al corazón, maquillate los sentimientos, ponte los tacones; que nadie sepa que hoy estuviste en la casa inacabada del río Andayon, buscando consuelo y te cruzaste con él en la puerta y no te importó que te viera.